Cada curso, cuando empiezan las clases del máster, me encuentro con estudiantes brillantes, motivados y, a menudo, con dudas muy parecidas: por qué están aquí, qué esperan realmente del programa y si han elegido bien.
Hace unos días, tras editar para el blog y releer el post de mi amigo y excelente economista Luis Corchón sobre cómo elegir un máster, tuve la sensación de que ponía por escrito muchas de las cosas que intento transmitir en el aula —y algunas que solo se aprenden con la experiencia- : confianza, resiliencia y esfuerzo.
Lejos de los consejos genéricos, el texto insiste en una idea central: un buen máster no es un trámite ni un “año de transición”, sino una apuesta exigente que conviene pensar con rigor.
Corchón comienza por la motivación. Hacer un máster para preparar un doctorado, para especializarse o para mejorar la empleabilidad son razones legítimas. Otras, en cambio, resultan peligrosas: seguir a los amigos, “darse un respiro” o repasar lo ya estudiado. En este último caso el diagnóstico es severo: si el máster repite contenidos del grado, “no avanzarás ni un milímetro” y, peor aún, estarás enviando una mala señal al mercado laboral.
El núcleo del texto se centra en cómo evaluar la calidad. La analogía es clara y eficaz: elegir un máster es como hacerlo con un espectáculo o con un equipo de fútbol.
Hay que mirar quién está detrás de la dirección de máster: el departamento, su posición en rankings internacionales, el director del programa, sus publicaciones y la existencia de profesorado permanente.
La acreditación oficial no garantiza la calidad, pero protege frente a fraudes académicos y debería ser un requisito mínimo. A partir de ahí, nuestro catedrático de la Universidad Carlos III prepara al lector para la realidad: un buen máster es duro. La comparación es contundente y memorable: “no es la continuación del grado como Wimbledon no es la continuación de otros torneos menores”.
Y concluye: si se pierde el ánimo, solicitar ayuda es sensato y, pese al esfuerzo, un buen máster deja aprendizajes, amistades y momentos que se recuerdan toda la vida. Una guía honesta, exigente y poco habitual en un mercado saturado de promesas fáciles.
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