Insight mayo 2026

Antes de planificar: personas, propósito y reflexión

Planificar estratégicamente no es empezar por el plan; es empezar por las preguntas que dan sentido al plan.

Cuando hablamos de planificación estratégica en educación, es frecuente pensar inmediatamente en objetivos, recursos, actuaciones e indicadores. Son elementos necesarios, pero, en mi manera de entender y abordar esta disciplina en el grado de Pedagogía en UNIR, no son el punto de partida.

Personas, propósito y reflexión constituyen, para mí, una tríada previa a la planificación: ¿quiénes somos?, ¿para qué estamos aquí?, ¿qué sentido tiene lo que hacemos?, ¿qué necesita realmente nuestra organización y qué condiciones tenemos para afrontar un cambio?

Solo después adquieren todo su sentido los recursos, los objetivos y la ejecución.

Las personas no son un elemento más de la organización. Son quienes hacen posible su proyecto. Profesorado, equipos directivos, alumnado, familias y otros profesionales de la comunidad educativa no ocupan posiciones intercambiables dentro de una estructura. Tienen conocimientos, expectativas, responsabilidades, experiencias y capacidades diferentes. Y la manera en que se relacionan determina, en buena medida, la cultura de la organización. De ahí que cualquier planificación que pretenda transformar un centro educativo tenga que preguntarse también por las condiciones en las que trabajan y aprenden sus personas.

La organización de los tiempos, los espacios, las responsabilidades, los mecanismos de coordinación, la comunicación, el desarrollo profesional o las formas de participación no son cuestiones meramente administrativas. Son decisiones estratégicas porque configuran las condiciones en las que puede desarrollarse el proyecto educativo.

Esta mirada conecta con la concepción de las organizaciones educativas como realidades complejas, en las que estructuras, cultura, personas y procesos se encuentran estrechamente relacionados, una perspectiva ampliamente desarrollada por Joaquín Gairín. Y también con la investigación sobre liderazgo educativo de Leithwood, Harris y Hopkins, que subraya la importancia de crear las condiciones organizativas que permitan movilizar a las personas hacia propósitos compartidos.

Por eso, planificar estratégicamente no consiste en hacer más planes, sino en pensar mejor antes de decidir.

En educación, donde las decisiones organizativas terminan afectando a personas y aprendizajes, quizá convenga recordar que un buen plan no empieza preguntando qué vamos a hacer, sino para qué, con quién y después de qué reflexión. Esta es una serie de preguntas que atraviesa mi forma de trabajar la asignatura Planificación estratégica y management de las organizaciones. Y mi respuesta no comienza con un DAFO, ni con los objetivos, ni siquiera con la elaboración de un plan. Comienza antes: con una reflexión sobre el propósito de la organización, sobre las personas que la forman y sobre el contexto en el que desarrolla su actividad. Porque, antes de decidir qué queremos cambiar, necesitamos comprender qué somos, para qué existimos y qué queremos llegar a ser.

 

 

Antes de planificar: personas, propósito y reflexión